El reciente pronunciamiento de Jorge Macri ha encendido el debate sobre la política habitacional en la Ciudad de Buenos Aires. “No voy a seguir construyendo vivienda nueva, regalada en las villas y asentamientos”, declaró el funcionario, argumentando que “esta demanda es infinita”. Esta postura ha sido fuertemente criticada por diversas organizaciones sociales, entre ellas el Movimiento Territorial de Liberación (MTL), que se movilizan para garantizar el derecho al acceso a la vivienda digna.
Carmen Sirano, referenta del MTL en Capital Federal, ofrece una perspectiva crítica sobre estas declaraciones. Para Sirano, el problema habitacional en la ciudad es un tema complejo debido a la falta de voluntad del Estado para resolverlo de manera adecuada. “Nunca hemos tenido un Estado que realmente se haya planteado resolver el problema de la vivienda”, afirma. Este problema se agrava por el predominio de la “patria contratista”, que persigue intereses económicos a expensas del bienestar social, construyendo a altos costes y sancionando las viviendas en dólares.
Sirano destaca que “el Estado no le regala casas a nadie”, refiriéndose a los créditos habitacionales que existen y que no son, de hecho, regalos. Llama la atención sobre la falta de asesoramiento adecuado hacia Macri, quien parece desconocer las luchas históricas de los habitantes de villas por servicios básicos como el agua. “Cuando habla de no poner un caño más de agua en villas, por ejemplo, tiene que ver con una lucha que vienen teniendo los compañeros que les toca vivir en las villas desde hace muchos años”.
Además, Sirano subraya la importancia de la ley 341, que surgió de una lucha comunitaria y que permite a cualquier ciudadano de Buenos Aires optar a una vivienda organizada. Sin embargo, sostiene que la continuidad en el desfinanciamiento de esta ley por parte del gobierno actual está destinada a hacer inaccesible la solución habitacional para los sectores más vulnerables.
El conflicto discursivo creado por Macri también apunta hacia una falsa dicotomía entre la clase media y los habitantes de los barrios populares. “Pone una contradicción… los de clase media no acceden. No, los de clase media también pueden”. Esta contradicción se utiliza para desinformar y crear divisiones entre sectores que en teoría podrían beneficiarse de políticas de vivienda inclusivas.
Sirano también señala la responsabilidad del Estado para con las villas. “Nada se invierte en las villas”, denuncia, criticando la falta de mejoras esenciales como agua potable y saneamiento adecuado. Pintar fachadas no es suficiente. “Mejorar la vida es que los compañeros de la villa puedan mejorar sus condiciones internas… puedan tener derecho al agua”.
La referenta del MTL critica la entrega de obras de vivienda al sector privado, preguntándose quién tendrá verdaderamente acceso a estas viviendas, dado que “sin las organizaciones sociales, no se hubiese podido construir una vivienda en esta ciudad”. La autogestión ha sido clave en lograr avances, pero persiste una barrera sistemática y financiera contra la igualdad en el acceso a la vivienda.
La percepción de Macri de la demanda de vivienda como “infinita” es vista como un desdén hacia las necesidades reales de las personas. Esto contradice tanto la Constitución de la ciudad como la nacional, que garantizan el derecho a la vivienda digna. Como señala Sirano, “es una violación a la propia constitución de la ciudad y nacional”, donde todos los ciudadanos deberían poder vivir con dignidad.
Sirano concluye que esta situación trasciende a un tema de discursos y se adentra en problemas estructurales más profundos, como la falta de generación de empleo estable y las huecas promesas de empleo digno. Ella se refiere a la precarización laboral que enfrentan muchos jóvenes argentinos actualmente y cómo esto impacta directamente en sus posibilidades de alcanzar un estándar de vida digno.
En un contexto de creciente desigualdad, las estrategias políticas y económicas que dictaminan las condiciones de vida de los habitantes más vulnerables de la ciudad parecen cada vez más desconectadas de sus realidades, lo que plantean un futuro incierto para quienes luchan por asegurar un lugar donde vivir. Las palabras de Sirano retumban como un clamor a las autoridades para atender este problema desde su raíz: “detrás de ese eslogan se encierra un saco de desigualdad”. Esta es una llamada a reconsiderar cómo Buenos Aires, un espejo de las desigualdades del país, debe replantearse el acceso a un derecho humano fundamental: el de vivir dignamente en una vivienda adecuada.