En el corazón de Buenos Aires, en el reconocible espacio de El método Kairós, regresa la obra ‘Sería una pena que se marchitaran las plantas’ del aclamado dramaturgo croata Ivor Martinić. La dirección está a cargo de Samir Carrillo, con actuaciones destacadas de Nadia Furst, Mauro Pérez y Toto Salinas. Las funciones se llevan a cabo todos los sábados a las 20:30, con entradas disponibles a través de Alternativa Teatral.
La obra, que ya había cosechado éxito anteriormente, marca su segunda temporada en este espacio y se caracteriza por su particularidad. Desde el inicio, la audiencia se sumerge en la trama con una dinámica que deslumbra tanto a quienes conocen el trabajo previo de Martinić como a quienes se acercan por primera vez. Mauro Pérez, uno de los protagonistas, describe la obra como una que comienza con la separación de una pareja. ‘Ya la obra comienza con ellos separándose,’ señala Pérez, y lo que en un principio parece ser una simple historia de dos personajes con un conflicto, evoluciona rápidamente para explorar temas más profundos como el olvido y el significado de recordar.
Una de las innovaciones que hacen única a esta puesta en escena es la inclusión del personaje de la ‘didascalia’. Normalmente, las didascalias son las acotaciones escritas en guiones teatrales que no se verbalizan al público. En esta interpretación, sin embargo, toman vida propia y se presentan ante el público como un personaje interpretado por Mauro Pérez. ‘Lo que hace es romper un poco ese molde de una obra de dos personajes,’ explica Pérez, subrayando que ‘la didascalia sí se dice y aparece como un personaje que se va fusionando con la voz del autor’.
Esta originalidad no solo se limita a la narrativa, sino que se extiende a la puesta en escena. La obra se desarrolla en un espacio 360, donde los actores se presentan en el medio del escenario mientras el público los rodea por completo. ‘Al principio, cuando nos dijo [el director], entramos en pánico, pero después fue muy interesante,’ menciona Pérez. El espacio no convencional no solo acerca la acción al espectador, sino que también invita a la interacción directa. ‘En varias oportunidades me siento y debato con la gente sobre lo que está pasando,’ añade, enfatizando el papel activo que el público asume en el desenlace de la obra.
La flexibilidad del texto es otra de las características que Martinić permite, potenciando interpretaciones diferentes. ‘Puede ser interpretado por dos actrices, dos actores, un actor y una actriz,’ comenta Pérez. Esto no solo permite variaciones en el elenco, sino también lleva a que cada puesta encuentre su propia voz y resonancia under la sensibilidad del grupo que la lleva a cabo.
La obra, por naturaleza de su temática, resuena universalmemente. La separación y el quiebre de un vínculo amoroso son situaciones dolorosas aquí, en Croacia, o en cualquier otro lugar. Este tipo de universalidad es la que ha convertido al trabajo de Martinić en algo tan especial en el ámbito teatral argentino; un terreno fértil que él explora con apertura y profundidad.
Como explica Mauro Pérez, su camino hacia este proyecto se forjó a través de previas colaboraciones con Martinić. ‘[Hicimos] una obra en el 2021 y luego seguimos en contacto,’ relata Pérez sobre su relación con el dramaturgo, quien ha mostrado gran apertura a la representación flexible y propuesta por los actores y directores argentinos.
Para aquellos deseosos de vivir una experiencia dramática que desafía las convenciones, ‘Sería una pena que se marchitaran las plantas’ en el Método Kairós ofrece una propuesta englobada en la frescura y la cercanía, mostrando a la vez que el teatro de Ivor Martinić continúa influyendo y emocionando al público argentino cada vez que sus historias suben al escenario.