Por primera vez en Argentina, el Museo Nacional de Bellas Artes presenta una muestra retrospectiva dedicada a la destacada artista rioplatense Lili Salvo, una figura que ha dejado una huella imborrable en el arte latinoamericano. La exposición, que se inaugura el 7 de abril y estará disponible hasta el 10 de mayo de 2026, invita al público a sumergirse en el universo creativo de Salvo a través de un recorrido único centrado en su producción gráfica: dibujos, bocetos y grabados en su mayoría inéditos.
Sofía Bresler, artista y gestora cultural, ha sido una pieza clave para hacer posible esta muestra. Ella comenta sobre el proceso de organización: “Hace dos años me reuní con el esposo de Lili, Andrés Neumann, quien mencionó casualmente que la obra de su esposa, fallecida, estaba en la casa de sus dos hijos en Roma y Nápoles”. A partir de allí, Bresler emprendió la titánica labor de inventariar y estudiar la obra gráfica de Salvo, basada en fotografías y la información proporcionada por su familia.
Lili Salvo es descrita por sus coetáneos como “La diosa” por su gran belleza y la potencia de su arte, que se desarrolló entre Uruguay, Europa y el confinamiento de su exilio durante los años 70. Bresler comenta: “Ella fue realmente un hallazgo”, destacando que Salvo empezó su carrera de una manera inusual, pues fue el mismísimo Joaquín Torres García quien le sugirió que abandonara el constructivismo para abrazar un estilo más enfocado en el retrato y lo figurativo.
Una de las características más fascinantes de Salvo es su habilidad para captar la emoción humana, especialmente la femenina. Su viaje artístico es reflejo de su vida, marcada por una conexión profunda con el surrealismo y otras vanguardias del siglo XX luego de su estancia en Europa. “Su emoción, su cercanía con lo espiritual, y también su relación con el surrealismo son demasiado notables”, añade Bresler.
La obra de Lili Salvo no se limitó a la pintura y el grabado. Su versatilidad la llevó a trabajar en instalaciones, esculturas y hasta vestuario para ópera. Sin embargo, como cuenta Bresler, muchas de sus obras permanecieron inconclusas o fueron transformadas una y otra vez en busca de la perfección. Su hija Mara recuerda cómo Salvo a menudo decía: “Mamí, compra otro, usa otro bastidor, no uses el mismo” cuando la veía recomenzar pinturas en el mismo bastidor una y otra vez.
Esta exposición no sólo cuenta con las obras físicas de Lili, sino también con una valiosa adición multimedia. Elena Grompone, nieta de Lili, ha creado un video original en honor a su abuela, que estará presente durante toda la exhibición. “Es un proyecto muy familiar”, señala Bresler, quien además enfatiza que la muestra permite al espectador elegir su propio camino de descubrimiento.
Para todos los interesados en adentrarse en el multifacético mundo de Lili Salvo, esta muestra promete ser un recorrido por su vida, sus pensamientos, y su universo creativo. Está ubicada en el segundo piso del Museo Nacional de Bellas Artes y se recomienda consultar el sitio web del museo para obtener información actualizada sobre horarios y acceso.
La retrospectiva de Lili Salvo es un evento imperdible que abre una ventana a la emocionalidad y al legado de una artista que supo trascender las fronteras culturales y geográficas, dejando una marca indeleble en la historia del arte.
