En el vibrante barrio de Almagro, Buenos Aires, un terreno ubicado en Acuña de Figueroa 981 se ha convertido en el epicentro de una lucha por la preservación de los espacios verdes en una ciudad cada vez más invadida por el cemento. Desde hace más de 30 años, este terreno ha estado en completo abandono, convirtiéndose con el tiempo en un pequeño bosque urbano que los vecinos han valorado como un pulmón en medio de una manzana completamente edificada.
Mariela Paz Izurrieta, miembro referencial del colectivo multidisciplinario Relieve, explica que este terreno pertenece al Estado Nacional, pero ha estado en el olvido, sin tareas de mantenimiento. “En su interior hay una construcción derruida, pero lo más significativo es la explosión de vegetación espontánea que lo ha convertido en un pequeño bosque urbano”, dice Mariela con un evidente sentimiento de protección hacia esta zona verde tan especial.
Este enclave, que había sido objeto de un intento de traspaso de nación a ciudad durante la gestión de Mauricio Macri, no llegó a concretarse. Posteriormente, bajo la administración de Alberto Fernández, un amparo detuvo el proceso de transferencia a la ciudad. Sin embargo, la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AAVE), encargada de gestionar el terreno, ha establecido su remate. “Es un terreno que pertenece a la nación pero está emplazado en la ciudad, y si queremos generar un espacio verde público, debe ser gestionado por la ciudad”, explica Mariela.
La urgencia de salvar este terreno se incrementa con los proyectos de construcción que proliferan a su alrededor. “Literalmente es el último lote de la manzana que queda sin edificación. Le están construyendo al lado una torre desde hace años”, lamenta. En un barrio donde el déficit de espacios verdes es alarmante, con Almagro y Boedo a la cabeza entre las zonas con menos espacio verde por habitante, preservar este lugar no es solo un capricho, sino una necesidad para la calidad de vida de la comunidad.
El colectivo Relieve, junto con vecinos y otras agrupaciones, ha presentado un proyecto de ley en la legislatura para que el terreno se convierta en un espacio verde público. Con el apoyo de cinco legisladores de distintos cuadros políticos y un respaldo significativo de la comunidad local, el proyecto tiene buenas intenciones pero enfrenta numerosos desafíos en el ámbito político. “Ahora es crucial insistir en la legislatura para impulsar este proyecto”, urge Mariela.
La visión para el terreno es ambiciosa: convertirlo en una microreserva urbana. Aunque esta figura no existe actualmente en la normativa urbanística, su idea es aprovechar los árboles de más de 30 años ya presentes, enriquecer la flora con especies autóctonas y crear un espacio accesible que no requiera grandes inversiones. “El espacio verde ya está. Solo hay que hacerlo accesible y mantenerlo”, afirma Mariela, destacando lo curioso que resulta que el argumento ahora sea priorizar áreas que ya existen.
Mientras tanto, los intentos para detener el remate continúan. El terreno, que debía ser subastado recientemente, vio su licitación suspendida, lo que fue un respiro y esperanza para el colectivo. “Ahora, más que nunca, debemos actuar”, insiste Mariela.
La lucha por este predio en Almagro no es solo por la protección de un área verde, sino por el derecho a una mejor calidad de vida en una ciudad que, paradójicamente, aunque se jacta de su compromiso con los espacios verdes, sigue siendo devorada por el urbanismo desenfrenado. El colectivo Relieve y sus seguidores siguen en pie, incitando a más ciudadanos a unirse a esta causa vital para el futuro del barrio y su comunidad.